miércoles, 22 de febrero de 2012

El Señor de la Misericordia

El Señor de la Misericordia de Unión de Tula (Jalisco)

En la hermosa Hacienda de “La Higuera” del municipio de Ameca, Jalisco, nace un niño el día 24 de marzo de 1770, al cual le impusieron el nombre de Antonio, y fue hijo de Don Antonio Enríquez Topete y Villaseñor y de la Señora Gertrudis Arriola de la Hoz y Ponce, descendiente de la estirpe del capitán Francisco Rodríguez Ponce, que cien años antes había sido el dueño de todo el territorio de lo que hoy es Unión de Tvla.

Este niño que fue criado en el seno de una familia creyente, poseedores de una gran fe, y profesando la religión católica, fue creciendo lleno de bondad, y enseñándose en ese noble trabajo de hacer producir el campo mexicano, oficio a que se dedicaba toda su familia, y siguiendo con la costumbre de la época, se casó muy joven, en 1790 con María de Jesús Topete y se van a vivir a la Hacienda de su abuelo el señor Diego de Arriola en Santa Rosa, en donde radicaron toda su vida.


Llevaba Don Antonio una vida tranquila en la hacienda, que al morir su abuelo pasó a sus manos, dedicado por entero a la vida sencilla del campo, infundía a su familia y sus peones el fervor religioso al que estaba acostumbrado; cuando se iniciaban las siembras siempre recorrían sus propiedades rezando el santo rosario y nunca fallaban los domingos y fiestas de guardar a la capilla de San Cristóbal para asistir a misa.


Estos son los antecedentes de Don Antonio, hombre muy conocido y estimado en toda la región, dice la leyenda que ha sido transmitida de generación en generación, que en el año de 1814, Don Antonio que siempre viajaba a caballo de Santa Rosa a San Cristóbal tenía que pasar cerca de un mezquite que tenía una rama baja, y cada vez que pasaba dicha rama le tumbaba el sombrero, con las consiguientes molestias, por fin Don Antonio cansado de ese inconveniente decidió cortar la rama para dejar libre el camino, y en su siguiente viaje se llevó la herramienta necesaria para tal propósito.

Ese día Don Antonio se fue más temprano que de costumbre, quería terminar su trabajo y volver pronto a su finca, desmontó al pie del mezquite, y se dispuso a efectuar su tarea, le dio un fuerte “machetazo” a la rama, y se quedó muy sorprendido al ver brotar de la herida de la rama un líquido rojo, parecido a la sangre, y su asombro aumentó al ver el tronco del mezquite y observar la silueta de una cruz, que le hizo persignarse y comenzó a rezar, y de pronto oyó una dulce voz que le decía: “No te asustes, no te va a pasar nada”, a lo que contestó Don Antonio: “Voy por un sacerdote para que vea esto”, y la voz le contestó: “No, no te vayas ahora, hasta que yo te lo diga, llévame a la Hacienda pero no me hagas capilla, me colocas en una galera, porque cuando tú mueras, me vas a entregar al templo”.

Procedía Don Antonio, estrictamente de acuerdo a las instrucciones que le dio la voz, en compañía de sus peones de más confianza, cortó el tronco y llevó la cruz de mezquite a su Hacienda, y la colocó en una de sus trojes, procediendo a seguir su vida como de costumbre; a la semana de tener la cruz en su casa, pasó por su Hacienda un desconocido que solicitaba trabajo como tantos otros que pasaban por ahí, Don Antonio quedó complacido con el recién llegado ya que tenía una apariencia dulce y abnegada, lo acomodó en las camas de los peones y le dio trabajo, a los días de estar en Santa Rosa el desconocido, vio la cruz en la troje y le dijo a su patrón que para qué quería este tronco de mezquite, a lo que Don Antonio le contestó: “Quiero buscar un artesano, para que me labre un Cristo en ese tronco”, el desconocido le dijo: “Mire patrón, yo trabajé antes con un maestro escultor muy bueno, que me enseñó el oficio, si quiere yo le hago el Cristo”, Don Antonio que sabía lo difícil que era encontrar un maestro en esos rumbos, accedió de inmediato, diciéndole que le asignaría un cuarto especial para que pudiera trabajar sin ser molestado.

Don Antonio dejó que pasaran varios días, y como estaba lleno de trabajo se olvidó del escultor, a los diez días se dijo que ya era tiempo de echarle una vuelta, llegó a la troje y miró que la obra estaba concluida, se veía un Cristo hermoso y bien proporcionado, quedó muy complacido de haber contratado a ese hombre, le habló a su capataz y le dijo: “Busca al muchacho quiero felicitarlo”, le contestó el capataz que nadie lo había visto desde el día que llegó, había hecho un limpio trabajo, se había marchado, y no se le había pagado, y ni a dónde buscarlo, pensó Don Antonio.

Los habitantes de Santa Rosa, devotos como eran, empezaron a venerar la imagen del Cristo de mezquite, y de pronto la admiración se extendió a las Haciendas y ranchos vecinos, que dieron en llamarle “El Señor del Mezquite”.

Pronto le llegó la noticia al Señor Cura de San Cristóbal, los milagros del Señor del Mezquite aumentaban, habló con Don Antonio y trató de convencerlo para que le permitiera llevar la santa imagen a la capilla de San Cristóbal, para que fuera venerada en un lugar más apropiado, pero Don Antonio no accedió; entonces el Cura le pidió que al menos la llevara para las festividades anuales, no queriendo ser descortés Don Antonio aceptó esa petición y así empezó una tradición, que duró muchos años, el Señor del Mezquite siempre presidía las festividades de la Hacienda de San Cristóbal.

Esta costumbre continuó de San Cristóbal a Unión de Tvla una vez que fue fundada en 1821, y para unas fiestas del año de 1848, el párroco decidió que la imagen no regresara a Santa Rosa y que se quedara permanentemente con ellos, para que el creciente pueblo pudiera venerarlo todo el año, Don Antonio no estuvo de acuerdo y le pidió al Cura que se lo devolviera, pero el Cura fue terminante, la imagen se quedaría en Unión de Tvla; Don Antonio se regresó a su Hacienda, pero iba tan triste y desconsolado, que al llegar al potrero de los zanjones, cayó muerto, se cumplió así la profecía que le había hecho la cruz.

En los primeros años de este siglo, vinieron a la parroquia de Unión de Tvla, unos misioneros, quienes se enteraron de los milagros hechos por el Señor del Mezquite, y después de investigarlos y comprobarlos dieron la propuesta de que la Santa imagen fuera conocida con el nombre de SEÑOR DE LA MISERICORDIA, nombre con que hasta la fecha se le conoce.

Esta es su historia, que ha perdurado por más de ciento ochenta años, pasando de generación en generación, y que en lugar de desaparecer, ha ido creciendo el fervor de los fieles por su imagen, ya que hace recorridos en peregrinaciones a los municipios vecinos, en donde es llevado para obtener buen temporal de lluvias, o algún beneficio colectivo.

Sigue también el tradicional recorrido que hacia antaño, de Santa Rosa a Unión de Tvla, somos testigos de las multitudes que congrega el Señor de la Misericordia, niños, adultos, de todas las clases sociales, con la misma mística, esperando que el Señor de la Misericordia les traiga un buen temporal o el deseo personal de un favor.

Cada año tiene verificativo en la trayectoria de los meses propios del verano en Unión de Tvla, específicamente durante el transcurso del denominado “temporal de lluvias”; la ahora imagen “peregrina” (ya que la original se preserva al interior del Santuario de “Nuestra Señora del Rosario”) que como su nombre lo indica es llevada a cada una de las localidades en donde se le rinde oración y pleitesía desde horas muy tempranas para finalizar la labor del día con la peregrinación que inicia en la periferia de la población en donde se reúnen cultantes y fieles católicos en un ejercicio que incluye a modo de penitencia y fe “cargar la imagen”, cánticos religiosos acompañados de músicos locales, pirotecnia y procesión solemne cuyo trayecto termina con la Celebración Eucarística al interior del Templo.

"El 27 de Mayo de 2009 se realizó la Coronación del Señor de la Misericordia, celebración presidida por el Nuncio Apostólico en México D. E. R. Mons. Christophe Pierre, evento de trascendencia para los devotos de la grey católica (y para la historia local) cuya referencia geográfica y política se ubica en la Santa Sede ciudad del Vaticano en Roma, Italia".


*El relato es original de la publicación “HISTORIA DEL VALLE DE UNIÓN DE TULA” de la autoría del Ingeniero Ignacio Gómez Zepeda. Fragmentos de “EL SEÑOR DE LA MISERICORDIA” páginas 94-97. Editorial “Tierra Mía”, Octubre de 1992. Arandas, Jalisco.

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